Fuente bibliográfica
- Reeves, H., (2022). Crónicas de los átomos y de las galaxias. Alianza editorial.
El mundo es enigmático. Guarda muchos secretos que esperan ser descubiertos. La Ciencia nos pueden ayudar a conocer los engranajes del universo y las razones de las cosas. ¡Descubre el mundo que te rodea con la fórmula Enigma + Matemáticas + Mente! ¿A qué estás esperando para ampliar tus horizontes? (+)
Sin embargo, hay otras teorías que afirman que durante el Big Bang la presión era tan alta que los elementos atómicos se movían tan rápido que se fusionaban dando lugar al hidrógeno (H) y al helio (He). Siguiendo con esta cadena de creación, el helio puede formar carbono, que a su vez puede formar oxígeno, neón y otros elementos pesados tales como el nitrógeno o el hierro.
En la imagen de la radiación cósmica de fondo podemos apreciar manchas rojas y azules. Los puntos rojos corresponden con las zonas más calientes y, por contra, las zonas azules son las más frías. El color rojo esconde otro secreto: no solo son las zonas más calientes, sino la que más densidad alcanzan. Esto se traduce en que son los lugares en las que nacieron las grandes estructuras del universo que hoy vemos: las galaxias. Esto se produce por la fuerza gravitacional que permite que la materia circundante se aglutine en un punto concreto aumentando a su vez su masa. Así por hacer un símil más próximo a nuestra vida, el nacimiento de una galaxia es como una bola de nieve que va ladera abajo, empieza siendo pequeña y va atrapando a su paso más nieve hasta convertirse en una gran bola.
En el Universo, por tanto, existirán regiones muy densas de energía (zonas rojas) rodeadas de otras zonas menos densas (zona azul). La extrema concentración de la materia producirá un calentamiento extremo que se traducirá en la luz que vemos cada noche. Con este dato en mente, se estima que las primeras estrellas comenzaron a brillar hace aproximadamente 400 millones de años después del Big Bang.
En nuestro día a día usamos relojes para medir el tiempo. En el colegio aprendimos y a día de hoy tenemos interiorizados conceptos como el segundo, el minuto o la hora. Bajo estas unidades de medida, la luz viaja muy deprisa. En la siguiente ilustración podemos ver cómo un fotón tarda en llegar de la Luna a la Tierra un minuto aproximadamente y del Sol a la Tierra ocho minutos.
Sin embargo, es sorprendente que a una escala cósmica el viaje de la luz sea lento. Por suerte, esta lentitud es una gran ventaja para desvelar el origen y la evolución del Cosmos (Reeves, 2022). Así pues, cuanto más lejos podamos mirar al cosmos, mejor podremos ver el pasado. Si observamos la siguiente imagen del campo profundo, apreciaremos que hay algunos puntos azules. Este color en esta imagen representan a las galaxias más lejanas. La luz que ha quedado imprimida en la retina del telescopio espacial Hubble (NASA/ESA) ha viajado durante unos diez mil millones de años. Como es lógico, se trata de una imagen del pasado y no sabemos si a día de hoy estas galaxias existen.
Teóricamente hablando, suponemos que esas galaxias azules de la imagen entraron en colisión con sus vecinas, fusionándose para engendrar astros de una mayor masa. En otras palabras, la imagen actual del Universo es bien distinta a la que vemos en la fotografía anterior. Solo estamos viendo un Universo pasado que hoy en día (con total seguridad) sería bien distinto. Con esta idea, podemos llegar a ver el Universo que existió hace 4.600 millones de años (que es el nacimiento de nuestro planeta). Para ello "bastará" con colocar un telescopio a los astros que estén situados a 4.600 millones de años luz.
Entonces, ¿podríamos seguir viendo el pasado del Universo hasta su origen? Aquí se plantea un problema técnico, ya que la luz tan lejana requiere la construcción de telescopios inmensos para recibirla.